La vuelta a la isla
El recorrido clásico baja por el este —el lado salvaje, con acantilados y valles agrícolas—, cruza al centro por las montañas y sube por el oeste, donde están las ciudades históricas. Se hace en tren, en coche o combinando ambos según el ritmo.
Templos, té y memoria
La isla conserva templos taoístas y budistas cargados de incienso y color, junto a una herencia colonial de principios del siglo pasado visible en la arquitectura y en los ferrocarriles de montaña. Los pueblos indígenas del interior mantienen lengua, tejidos y festivales propios.
Mármol, bosque y fumarolas
El interior es puro relieve: una garganta de mármol excavada por el río, bosques de cipreses centenarios envueltos en niebla, valles de arrozales entre montañas y, en el norte, fumarolas y aguas termales a un paso de la capital.
Mercados nocturnos y sobremesa
Comer aquí es callejear: fideos de ternera, bollos al vapor, tortilla de ostras, tofu fermentado para valientes y el té con perlas, que nació en esta isla. Y una cultura del té de altura que se disfruta con calma en las casas de las montañas.
Cuándo y cómo viajar
Otoño y primavera ofrecen el mejor equilibrio; el verano es caluroso y con tifones, y el invierno resulta suave en el sur. El tren rápido y los autobuses resuelven casi todo. Cada viaje a Taiwán se diseña a medida: ciudades, montaña, costa este y aguas termales.