Un volcán activo, tres circos de montaña y el Índico.
Una isla que se recorre andando.
La Reunión es una montaña que sale del océano. En pocos kilómetros se pasa de una laguna de agua templada a bosques de altura, gargantas de mil metros y un volcán en activo que de vez en cuando deja correr la lava hasta el mar. Buena parte de la isla está protegida y declarada Patrimonio Mundial.
Es también un territorio francés en pleno Índico, con carreteras impecables, mesas notables y un mestizaje profundo entre lo europeo, lo africano, lo indio y lo chino. Un destino que combina como pocos la naturaleza más exigente con la comodidad de tenerlo todo cerca y bien resuelto.
El centro de la isla se hundió formando tres anfiteatros gigantes rodeados de murallas verticales: uno accesible por una carretera de curvas imposibles, otro de pueblos termales y casas criollas, y el tercero sin ninguna carretera, al que solo se llega caminando. Al sureste, el volcán mantiene su actividad.
Una red de senderos excelentemente señalizada recorre crestas, cascadas y bosques de tamarindos, con refugios y casas de montaña para dormir por el camino. Para quien no quiera caminar tanto, hay barrancos que se descienden con cuerda, parapente sobre la costa oeste y carreteras panorámicas de mirador en mirador.
En una misma calle conviven una iglesia, un templo tamil y una mezquita, y esa mezcla se nota en las fiestas, en la música maloya y en la vida diaria. Los mercados desbordan especias, vainilla, frutas tropicales y artesanía, y las casas criollas conservan sus varangues de madera calada.
La cocina une técnica francesa e ingredientes tropicales: cari de pollo o de pescado con cúrcuma, rougail de salchicha, chutneys picantes, samosas en cualquier esquina y un ron macerado con vainilla y frutas. Se come bien en todas partes, desde el restaurante de autor hasta el puesto de carretera.
El invierno austral, seco y fresco en altura, es la mejor época para caminar; el verano es más húmedo y caluroso en la costa. En temporada, las ballenas se acercan a la orilla. Cada viaje a La Reunión se diseña a medida: senderismo, ruta en coche, combinación con islas vecinas y el nivel de exigencia que se prefiera.
De Saint-Denis a la laguna de Saint-Gilles, estas son las paradas que dan forma a un gran viaje por La Reunión. Desliza, usa las flechas o toca una placa para explorarlas.
Casas criollas y aire de ciudad.
La capital conserva mansiones criollas con galerías de madera calada, jardines de especias y un mercado cubierto que resume la isla en cuatro pasillos. Buen primer contacto antes de subir a la montaña.
Cascadas por todas partes.
El circo más húmedo cae en escalones de vegetación con cientos de hilos de agua colgando de las paredes. En su interior, un antiguo pueblo termal conserva casas de colores, jardines cuidados y aire de otra época.
Donde la lava perdonó la iglesia.
La costa este está atravesada por coladas negras que llegaron hasta el mar. Una capilla quedó rodeada por la lava sin ser destruida, y la carretera cruza campos de basalto donde ya vuelve a crecer el bosque.
Uno de los más activos del planeta.
Se accede por una llanura lunar de escoria y se camina hasta el borde del cráter entre conos y grietas humeantes. Cuando entra en erupción, la isla entera sale de noche a ver el resplandor.
El Índico contra el basalto.
El extremo sur no tiene arrecife que lo proteja y el mar rompe directamente contra acantilados de lava. Bosque primario, palmerales, pueblos de pescadores y una carretera preciosa pegada al agua.
La ciudad que sale de noche.
El principal núcleo del sur combina puerto deportivo, playa protegida por un arrecife y un frente marítimo lleno de terrazas. Los sábados, su mercado es uno de los mejores lugares para probar la isla entera.
Cuatrocientas curvas para llegar.
Se sube por una carretera legendaria de túneles estrechos hasta un pueblo de montaña rodeado de murallas. Aguas termales, bordado tradicional, lentejas cultivadas en terrazas y el punto de partida hacia la cumbre más alta.
Solo se entra a pie.
El circo más aislado no tiene ninguna carretera: se accede caminando y los suministros llegan en helicóptero. Dentro hay aldeas dispersas con casas de montaña donde dormir y una calma que no se encuentra en otro sitio.
Vuelo libre sobre el arrecife.
Referencia mundial del parapente por sus térmicas constantes: se despega en la montaña y se aterriza junto al mar. En el pueblo, un centro dedicado a las tortugas marinas y una ola conocida por los surfistas.
Agua tranquila para terminar.
La costa oeste guarda la laguna protegida por el arrecife, con arena clara, filaos dando sombra y aguas someras ideales para nadar con gafas. El cierre relajado después de tantos días de montaña.
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