Arte, paisaje y buena mesa, en un viaje diseñado exclusivamente para ti.
El país donde la belleza se vive a cada paso.
Italia no se visita: se saborea despacio. Es un país que reparte obras maestras por igual entre museos y plazas, entre catedrales imposibles y trattorias de barrio. Un lugar donde el arte, la historia y la vida cotidiana llevan siglos entrelazados sin distinguir dónde acaba uno y empieza la otra.
Del norte alpino y sus lagos a las islas del sur, de los canales de Venecia a las colinas de la Toscana o la costa vertiginosa de Amalfi, cada región es casi un país en sí misma, con su acento, su paisaje y su cocina. Y por encima de todo, una forma de disfrutar la vida que se contagia desde el primer café.
Roma, Florencia y Venecia concentran siglos de arte al aire libre: foros imperiales, cúpulas renacentistas, canales y palacios que parecen flotar. Recorrerlas es pasear entre obras maestras, con un espresso en la mano y una plaza distinta esperando en cada esquina.
Pocos lugares acumulan tanto pasado: la Roma de los césares, el Renacimiento florentino, las repúblicas marineras, la Magna Grecia del sur. Ruinas, mosaicos y ciudades intactas cuentan una historia milenaria que sigue moldeando la Europa de hoy.
Italia es también naturaleza: los lagos del norte enmarcados por montañas, las colinas onduladas de la Toscana, los pueblos colgados de Cinque Terre y una costa mediterránea que culmina en la Amalfitana o en las playas de sus islas.
Comer en Italia es un placer sin trampa: pasta hecha a mano, pizza napolitana, quesos, vinos y un culto casi religioso al producto de temporada. Cada región defiende sus recetas, y sentarse a la mesa es siempre la mejor forma de entender el país.
Cada viaje a Italia se diseña a medida según la duración, el estilo de alojamiento y lo que quieras vivir. Primavera y otoño son ideales para las ciudades; el verano invita a lagos e islas. En tren o en coche, siempre con tiempo para no ir con prisa.
De los lagos del norte a las playas de Cerdeña: estas son las paradas que dan forma a un gran viaje por Italia. Desliza, usa las flechas o toca una placa para explorarlas.
Elegancia entre montañas y agua.
La capital de la moda y el diseño abre la puerta al norte italiano y a sus lagos de ensueño. A un paso, Como y Maggiore despliegan villas, jardines y montañas que se reflejan en aguas tranquilas.
Una ciudad sobre el agua.
No se parece a ningún otro lugar del mundo: canales en vez de calles, palacios que emergen de la laguna y una luz que ha inspirado a pintores durante siglos. Venecia se recorre despacio, sin mapa y sin prisa.
Cinco pueblos al filo del mar.
Cinco aldeas de colores encaramadas a los acantilados de la Riviera Ligur, unidas por senderos entre viñedos y mar. Casas apiladas sobre el agua, calas escondidas y una de las costas más fotografiadas de Italia.
La cuna del arte moderno.
Aquí nació el Renacimiento y todavía se respira. La cúpula de Brunelleschi, el David, los Uffizi y un centro histórico intacto convierten la ciudad en un museo a cielo abierto, coronado por las colinas toscanas.
Colinas doradas y buen vino.
La Italia de postal: cipreses en fila, viñedos, campos ondulados y ciudades medievales sobre las colinas. Siena, San Gimignano o el Chianti invitan a bajar el ritmo, catar un buen vino y disfrutar del paisaje.
Tres mil años en cada plaza.
La Ciudad Eterna reúne el Coliseo, el Vaticano, fuentes barrocas y ruinas imperiales entre trattorias y plazas rebosantes de vida. Una capital donde cada esquina es historia y cada comida, una pequeña celebración.
Vida intensa a la sombra del volcán.
Caótica, vibrante y auténtica, Nápoles es la cuna de la pizza y la puerta al sur profundo. A su lado, Pompeya conserva intacta una ciudad romana bajo la ceniza del Vesubio: un viaje directo al pasado.
La carretera más hermosa.
Un litoral vertiginoso de pueblos colgados sobre el mar, limoneros en terrazas y aguas de un azul intenso. Positano, Amalfi y Ravello encadenan miradores imposibles en una de las costas más deseadas del mundo.
Un cruce de mundos y sabores.
La mayor isla del Mediterráneo mezcla templos griegos, mosaicos, mercados barrocos y el humo del Etna. Playas, ciudades doradas y una cocina que resume siglos de culturas hacen de Sicilia un viaje dentro del viaje.
El azul con el que se cierra el viaje.
El broche perfecto: aguas caribeñas, calas de arena blanca y un interior de montañas y aldeas de pastores. Cerdeña combina algunas de las mejores playas del Mediterráneo con una identidad propia y salvaje.
01 / 10
Cuéntanos cómo imaginas tu Italia y creamos una propuesta única, a tu medida y sin compromiso.