De la capital a la isla
El viaje suele empezar en Seúl y bajar hacia el sur: fortalezas y aldeas históricas en el centro, la antigua capital de Gyeongju en el sureste, la Busan portuaria y, al final, una isla volcánica con playas y cráteres. El tren rápido lo enlaza casi todo.
Dinastías, monjes y letrados
Los palacios de Seúl, las academias confucianas y los monasterios de montaña cuentan siglos de una cultura muy codificada. En las aldeas hanok se conservan casas con suelo radiante tradicional, y en los templos se puede pasar la noche siguiendo el horario de los monjes.
Montaña y mar
Casi todo el país es montañoso: crestas de granito, bosques que arden en color durante el otoño y senderos perfectamente señalizados. La costa alterna acantilados, marismas y arrozales, y frente al sur se dispersan islas pequeñas por centenares.
Fermentado, brasa y banchan
La mesa coreana llega llena: kimchi y una batería de banchan que se reponen sin pedirlos, carne a la brasa en el centro de la mesa, guisos que hierven en cazuela de barro y fideos fríos en verano. Fermentar es aquí un arte con siglos detrás.
Cuándo y cómo viajar
Primavera por los cerezos y otoño por el color de los bosques son las mejores ventanas; el verano es húmedo y el invierno seco y frío. Todo se enlaza en tren de alta velocidad. Cada viaje a Corea del Sur se diseña a medida: ciudades, montaña, templos o isla.