Un país verde donde se camina hasta los gorilas.
Uganda es la África húmeda y fértil: colinas cultivadas hasta la cima, plataneras, cráteres llenos de agua y selvas de montaña donde vive casi la mitad de los gorilas que quedan en libertad. Un país pequeño en comparación con sus vecinos, con todo mucho más cerca.
Al encuentro con los primates se suma un safari clásico de sabana, el Nilo saliendo del lago más grande del continente y una hospitalidad relajada que sorprende a quien llega por primera vez. Se recorre por carretera, con etapas cortas y paisajes que cambian cada pocos kilómetros.
Caminar por la selva detrás de un rastreador hasta encontrar a una familia de gorilas de montaña es una de las experiencias más intensas que ofrece el continente. El acceso está estrictamente regulado con permisos limitados por día, lo que obliga a reservar con bastante antelación.
Kibale concentra una de las mayores densidades de primates del planeta y permite seguir a los chimpancés a pie por un bosque de árboles altísimos. En los pantanos vecinos y en la selva del suroeste aparecen colobos, cercopitecos y una lista de aves que hace las delicias de los aficionados.
La sabana ugandesa se abre entre lagos y volcanes: canales navegables llenos de hipopótamos, higueras con leones descansando en las ramas, y más al norte el Nilo estrechándose hasta caber por una grieta de roca antes de despeñarse con un estruendo que se oye desde lejos.
Uganda es tierra de café y de plátano. El matoke —plátano verde cocido al vapor y machacado— acompaña guisos de cacahuete o de alubias, el pescado del lago llega a la mesa recién frito, y en cualquier esquina se prepara el rolex, una tortilla enrollada en pan plano que se ha vuelto un símbolo.
Las dos estaciones secas facilitan las pistas y el trekking, aunque la selva puede regalar lluvia en cualquier momento del año. Cada viaje a Uganda se diseña a medida: permisos de gorilas y chimpancés, ritmo de las etapas, lodges o campamentos, y la posibilidad de enlazar con Ruanda o Kenia.
De la orilla del lago Victoria en Entebbe a la calma de las islas Ssese, estas son las paradas que dan forma a un gran viaje por Uganda. Desliza, usa las flechas o toca una placa para explorarlas.
El país empieza junto al lago.
La ciudad del aeropuerto se asoma a una península del lago Victoria, con jardines botánicos frente al agua, hoteles tranquilos y un santuario donde se recuperan chimpancés rescatados en una isla cercana.
Siete colinas y ningún silencio.
La capital se reparte entre colinas coronadas por mezquitas, catedrales y palacios. Mercados que ocupan calles enteras, motos que lo atraviesan todo y las tumbas reales del antiguo reino de Buganda.
Aquí empieza el río más largo.
En este punto el Nilo abandona el lago Victoria e inicia su viaje hacia el Mediterráneo. Se celebra con paseos en barca al atardecer, rápidos de aguas bravas y saltos para quien busque adrenalina.
El Nilo por el ojo de una aguja.
El río entero se comprime en una grieta de pocos metros y se despeña entre rugidos. Debajo, un safari en barco entre hipopótamos y cocodrilos, y en la orilla norte jirafas, elefantes y leones.
Selva con banda sonora.
Uno de los mejores lugares del mundo para seguir a los chimpancés a pie, entre árboles enormes y gritos que llegan de todas partes. Al lado, un pantano comunitario reúne monos y aves poco comunes.
Leones en las ramas.
Sabana entre cráteres volcánicos y dos grandes lagos unidos por un canal donde se concentran hipopótamos, búfalos y elefantes. En el sector sur del parque, los leones acostumbran a descansar sobre las ramas de las higueras.
La selva impenetrable.
Un bosque de montaña espeso y antiguo que protege a numerosas familias de gorilas habituadas a la presencia humana. El trekking puede ser exigente, pero la hora que se pasa con ellos no se olvida.
Islas verdes y agua quieta.
Un lago profundo salpicado de islas y rodeado de colinas cultivadas en terrazas. Después del trekking, apetece un día de piragua, hamaca y desayunos largos mirando cómo se levanta la niebla.
La sabana en formato íntimo.
El parque más pequeño de la ruta permite caminar entre cebras y antílopes acompañado de un guardabosques, además de navegar por un lago con hipopótamos. Una parada cómoda de regreso hacia la capital.
Playas de agua dulce.
Un archipiélago en el lago Victoria con playas de arena, bosque y aldeas de pescadores. Se llega en ferry y sirve para cerrar el viaje sin prisas, entre paseos, barca y pescado a la brasa.
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